¿Para qué subirse al Titanic sabiendo que se hundirá?

¿Para qué subirse al Titanic sabiendo que se hundirá?Eso preguntaba hoy la mayor de mis hijas, refiriéndose a un futbolista que ha decidido no incorporarse con el equipo mexicano de fútbol, para el campeonato mundial de este año en Brasil. Respuestas medianamente aceptables hay muchas; por ejemplo: se tiene la nobleza de tratar de salvar vidas; se es músico habilidoso y hay que aplicar el talento aún en los momentos más trágicos; no hay otra salida en la vida; se ignora que se trata de un barco predestinado a hundirse; o tal vez se sabe, pero se cree que la historia puede cambiar con tan solo desearlo.

Por mi parte, pienso a ratos que el planeta entero es el Titanic, con algunas diferencias de matiz. Por ejemplo, efectivamente está poblado en su superficie por una especie mayoritariamente ignorante e imprevisora, dirigida por una subespecie pletórica de arrogancia, soberbia y quizás una dosis importante de estupidez. La humildad simplemente no se le da, y en cambio la sordera y la ceguera se le da en abundancia. Casi igual que en el barco de trágica memoria…

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